ONOMATOPEYA
La función está por comenzar. Los listones de sus zapatillas rozan el piso del salón y se llenan de polvo porque ningún escenario es lustroso, pues se quitarían las vibras (buenas o malas) de los actores, bailarines y músicos. El sonido y las luces se ponen a prueba: bueno, bueeeeno, probando... Suenan los apagadores porque las luces del auditorio no reflejan la intensidad suficiente: ¡Click, clack, click, clack!
¡¡¡Grrrr!!! Tu compañera está furiosa, el tutú tiene una ligera arruga que considera incorrecta, porque el peinado, maquillaje están perfectos ¿Por qué no todo puede estar bien? Tanto tiempo alistando la maleta y hasta acordarse de los pasadores para que ¡Pum! Algo no puede cuadrar.
En tu caso, el silencio te gusta y te ayuda a concentrarte, así que repasas tu rutina dentro de tu mente. Es curioso, pero el pull-up es un tanto incómodo porque crees que al alzar tu rostro, el público notará tu sudor ¡Eso sí es incontrolable! Y pensar que Jimena se preocupa por una arruga del tutú.
El equilibrio, los saltos, los estiramientos emocionan a niños y adultos y al unísono el teatro replica: ¡¡¡Ohhhh! ¡¡Ehhh!!! El telón está por bajar.
¡¡Ahhh! - exclamas ¡Crack! De tus ojos salen lágrimas. Hay mucho dolor en ti, en tu tobillo.
Las flores caen al piso y las ovaciones al cielo, pero tú ya no puedes ni caminar: Tu sueño de compararte con Misty Copeland aún está muy lejos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario